Ya se hacen mapeos integrales del genoma de los consumidores

Supongamos que usted se conecta a Facebook  y se entera que un amigo se hizo fan de las impresoras “Marca X”. Ingresa al sitio de “Marca “X” y busca una impresora rápida de chorro a tinta. Mientras usted navega el sitio, el sistema de una empresa que busca consumidores registra en qué modelos se detuvo, en cuáles clickeó para ver los detalles y qué productos descartó. También “anota” que usted ingresó vía Facebook  al sitio minorista de compra de “X” y que lo hizo por medio de una red social. De inmediato, en el monitor de su computadora aparece una impresora que cumple con los requisitos de su búsqueda. Pero no la compra. Al día siguiente, mientras lee un sitio de noticias, aparece un anuncio de “X” con una oferta más atractiva que incluye descuentos y envío gratis. Entonces sí la compra. A la semana, aparece un anuncio de algo que necesitará: papel y tinta. Compra.

No fue el azar. El aviso de la tinta y el papel, tampoco. Un sistema de clasificación ya hizo una radiografía suya. Usted pertenece al sector medio alto, maneja su actividad bancaria online, es sensible a los precios y responde a ofertas de envío gratuito. Y prepárese: pronto le enviarán a su mail personal o al celular cupones de descuento para adquirir otros accesorios. Usted pagó la máquina el doble de su precio. Le regaló a una empresa recolectora de datos toda su información personal que, a su vez, será vendida a empresas que no dejan de cooptar clientes. La Web desnuda cada vez más los gustos personales. Es un espía que analiza los comportamiento de los cibernautas y eso le viene muy bien a las empresas que buscan saber qué es lo que quieren sus potenciales consumidores. Como usted, que compró una impresora con determinadas características.

 

“La gente debería tener conciencia del impacto de lo que hace en las redes sociales”, advierte Horacio Cairoli, ejecutivo de SocialAd. Y sigue: “Todos estamos metidos en un superbuscador. Quienes nos dedicamos a esto vemos marcas, pero también personas”. Sabe de qué habla: uno de sus clientes debía elegir entre cinco modelos para hacer una campaña publicitaria. Terminaron tomando a la que tenía “mejor reputación online”.

El mundo de la publicidad virtual creció tanto que, sólo en cuatro años, en la Argentina aparecieron más de veinte empresas que se dedican a procesar el comportamiento de los cibernautas. Y nadie queda afuera de la lupa del Gran HermanoGoogle, el buscador que usa el 90% de los argentinos con Internet, rastrea palabras clave en todos los correos que pasan por él, ya sea de usuarios de Gmail o de las personas que les envían correos a ellos. Haga la prueba: envíele a un amigo un mail donde le cuenta que anda buscando un auto, modelo tal y de tal color. ¿No le apareció al costado de la pantalla una serie de ofertas de autos? Desde Google Argentina, se excusan: “Nuestro objetivo es darle al usuario la mejor experiencia posible. Esto implica ofrecer contenido personalizado y para eso utilizamos la información que ellos nos facilitan y su historial de búsqueda”. Ah, ¿Usted no lo vio? Al igual que enFacebook, la advertencia está entre las condiciones que uno debe aceptar cuando abre una cuenta