¿Cómo influye Internet en nuestro cerebro?

¿De que manera incide la utilización de Internet en nuestro cerebro? ¿Modifica la capacidad que tenemos de almacenar recuerdos, relacionarnos socialmente o tomar ciertas decisiones? ¿Es beneficioso en algún aspecto? ¿Cómo reacciona nuestro cuerpo al exponerse a demasiada información?

Resulta de suma importancia que, científicamente, las respuestas a todas estas dudas, son difíciles de responder. No hay dudas que, todas las horas que estamos navegando por Internet, cambia en mucho a nuestro cerebro, pero de igual forma que pasa con todo lo que realizamos.

El cerebro es muy neuroplástico, esto quiere decir que la experiencia externa da forma a nuestras estructuras y funciones neuronales. Pero la manera en que Internet lleva a estas modificaciones es aún una gran duda.

Nicholas Carr, autor de The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, trata de dar luz a ésta área tan nueva de la investigación científica y ha dedicado su trabajo a la comprensión de la compleja relación entre el cerebro humano y el Internet.

¿De qué manera nos afecta lo que Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, llama “el primer invento humano que el humano no entiende por completo, el mayor experimento de anarquía que hemos tenido”?

La forma que nos relacionamos con Internet es de mayor interacción si lo comparamos con la relación que tenemos con cualquier otro medio tecnológico, sencillamente, estamos online realizando tareas intelectuales y personales por muchas horas sin darnos cuenta. Lo que sabemos del cerebro es que es muy eficaz en la adaptación a la forma en que lo usamos. Cuando utilizamos una herramienta como Internet con tanta frecuencia, nuestro cerebro se adapta.

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El ambiente y nuestro entorno le da forma a quien somos y como pensamos. Hay un mecanismo de retroalimentación constante, una danza compleja entre el mundo externo y nuestros pensamientos. Y esto no es una asociación inefable. Todas nuestras experiencias – incluso a través de Internet – cambian la estructura física y el funcionamiento de nuestro cerebro. Y esto resulta más evidente en los períodos más sensibles de nuestro desarrollo.

La etapa más importante del desarrollo del cerebro es en los primeros 20 años de vida, debido que a esta edad nos encontramos expuestos a distintos tipos de experiencias y a diferentes tipos de estímulos que determinarán una gran cantidad de procesos cognitivos. Es preocupante que nuestro empecinamiento en el uso de dispositivos informáticos y de dispositivos de red comience desde edades tan tempranas, esto puede resultar en la merma de esa diversidad de experiencias.

Por otro lado, existen nociones de que la cultura moderna de Google, junto con las redes sociales y videojuegos, aumentan nuestra diversidad de experiencias, pero Nicholas Carr sostiene que la profundidad del pensamiento crítico, el pensamiento conceptual, e incluso el pensamiento creativo, no se desarrollan en procesos pasivos. La información no sólo entra y se pega. Se necesita tiempo para que las nuevas ideas se conecten con las viejas ideas, para así formar una rica red de asociaciones de crecimiento.

Si nuestro cerebro está constantemente distraído y continuamente recibe nueva información, nunca podrá recopilar ninguna pieza de información existente en la memoria de trabajo. Debido a que la capacidad es muy reducida, con el fin de crear espacio para la nueva información que estamos recibiendo, tenemos que deshacernos de algo que está ahí. Las experiencias que obtenemos a través de Internet son sin duda atractivas y muchos de nosotros llegamos a tener comportamientos casi compulsivos en nuestra necesidad de revisar pantallas, pero lo que provocamos es que, a través de este proceso de sobrecarga cognitiva, literalmente, de sobrecarga de la memoria de trabajo, impedimos al cerebro tejer la información en conocimiento. Lo que llegamos a obtener es un parpadeo en pequeños fragmentos de data sin lograr conseguir un big picture del marco de información.

Sumado a esto, se ha comprobado que la constante revisión de pantallas se ve reforzada por un rush de dopamina que obtenemos cada vez que hay un poco de información disponible. Nos da nuestra dosis. En esencia, checar Facebook, Twitter, Instagram, etc., es realmente como cocaína para nosotros.

Entre más estimulados estemos por lo que aparece en la pantalla, menos capaces seremos de distinguir la información importante de la información trivial. Lo que se vuelve importante cuando estamos en constante multitasking siguiendo todos esos flujos de información, simplemente es que la información sea nueva, sin distinción de fundamentos o trivialidades.

¿Será que Internet detiene el desarrollo de nuestro pensamiento crítico y por ende nuestro poder de tomar buenas decisiones, si en verdad ni siquiera podemos separar la información importante de los extraños “ruidos” que encontramos online? ¿En que nivel Internet afecta a su cerebro? Se dan cuenta de que ahora mismo están bajo la influencia, ¿verdad?

FUENTE: Huffington Post